jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Alguna vez hemos estado mejor que esto?

“¿Alguna vez estaremos mejor que esto?”, pregunta Zack Efron en la película “We are your frends”, que es algo así como “Somos amigos”. ¿Alguna vez estaremos mejor que esto? ¿Alguna vez estaremos mejor que ahora? ¿Alguna vez?..
 ¿Qué buscamos? ¿Un coche?, ¿una casa?, ¿dinero?, ¿una novia?, ¿qué es realmente aquello que nos haría estar mejor que esto? ¿Quizás una sensación?: ¿La felicidad?, ¿el amor?, ¿la amistad?, ¿el poder?, ¿el respeto?
 Un romántico diría que la respuesta es que, cuando tú estás no tengo que hacerme esa pregunta. Un padre casi seguro que diría que, cuando tú estás no tengo que hacerme esa pregunta.
 Un soltero diría a ciencia exacta que, cuando tú estás no tengo que hacerme esa pregunta. 
Un enamorado me juego la vida a que diría que, cuando tú estás no tengo que hacerme esa pregunta. Un médico, abogado, electricista, cocinero, trapecista, tenista, boxeador, o susurrador de caballos, podría seguir hasta el infinito.
 Entonces: ¿Quién falta en tu vida para estar mejor que esto?

lunes, 30 de noviembre de 2015

Escribiendo un Producto

El editor de Truman Capote llamaba a la pareja de éste (Jack Dunphi) y le decía: “creo que ha perdido la cabeza, dice que su novela (“A sangre fría”) cambiará la literatura para siempre y todavía no ha escrito una sola línea.”

Creo que todo escritor tiene un poco de Truman y, antes de tener el libro terminado, piensa en lo increíble, maravilloso y fácil de vender que va ser. La primera decepción llega cuando le das la novela a un amigo y te das cuenta de que no se la ha leído.

Creo, y con esto quiero dejar claro que no tengo que llevar la razón, que cuando terminamos de escribir un libro entramos en una especie de paranoia por querer publicitarlo. Es como una carrera de obstáculos en la que cualquier descarga, comentario o simple reseña nos produce una enorme satisfacción. Esta parte de la literatura simplemente me tiene asqueado. Sin duda debería de ser la editorial la que hiciese ese trabajo, pero ¿dónde se han metido las editoriales?

Hace tiempo que no leen manuscritos, hace tiempo que el editor exige que pongas dinero de tu bolsillo, hace ya bastante tiempo que sólo se venden productos que aparecen de la nada, diseñados por escritoras que dos días antes estaban cortando flores, o dando clase, o yo qué sé, comiendo pasteles, ¡qué coño! Tienen cuarenta y tantos, ¿qué habían escrito antes? O a los cuarenta y tantos te levantas de la cama y decides escribir un libro y ¡pum! Al día siguiente estás tomando café con Dakota. ¿Puede pasar...? ¿A mí? Siempre es a otro, ¿verdad?

Una vez me dijo un editor que un buen libro siempre ve la luz, y eso es lo que siempre espero, que lo que acabo de escribir sea mejor que yo y que vea la luz, que se abra paso por esta maraña comercial y vea la luz, y diga: “mira, aquí estoy”.

Acabo de publicar “Lemuria”, que es la razón por la que estoy aquí. Si no fuera así, les puedo asegurar que no estaría pegado a este ordenador. “Lemuria” y yo no nos entendemos, quizás porque es cosa de dos, porque a mí me gusta más la voz interior, la sangre, el sexo, la muerte; me gusta estirar los personajes y llevarlos al límite; quizás porque yo estuve en el límite y quizás los personajes sean radiografías de ese lado oscuro que tengo y que odio con toda mi alma. ¡Odiar! ¡Odiar! ¡Odiar! Quizás porque algún día amé tanto, ¿no?

El caso es que “Lemuria” la he leído hace poco; y sí, se puede ser autor y, pasado un tiempo, leer tu propia novela como algo ajeno. Yo no la entiendo y ella lo sabe, quizás porque ella es mejor que yo, quizás porque se escapa de mi propia cultura, quizás porque en la única escena de sexo hacen el amor, cuando a mí me gustaría que esa esclava fuera penetrada y disfrutase enormemente.

El caso es que “Lemuria” se merece que yo le dé una oportunidad, y que me esmere en su promoción como hice con mis otros libros. Ella sin duda tiene algo que mis otros libros no tuvieron: a Salcedo, y que se le ha dado tiempo para madurar. Espero que la leáis no por mí, sino por ella; un euro es un café y creo que se lo merece. Además, en un par de semanas seguro que ya estará gratis.
Un cordial saludo, Nicolás.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Tuve un sueño

 Anoche tuve un sueño...
Es curioso como se olvida antes en el recuerdo que en los sueños. Estaba sentado en la tierra, pensativo, alejado del vaivén de las olas; "suave y sonoro océano", mientras pequeñas partículas de arena golpeaban mi cuerpo desnudo y frío a pesar de un Sol inmenso. Mi hijo corría desbocado mientras su risa corrompía e inundaba mi mundo antes que el mundo. Tú, mi amor, llegabas a lo lejos sujetando ese ese viejo sombrero de paja olvidado. Entonces fui feliz hasta que pude ver que eras tú, mi amor.

martes, 21 de enero de 2014

¿Está engañando Amazon a los escritores?

  Amazon prometía un mundo idílico para cualquiera que se sintiese escritor. El trato era simple, ¿te sientes frustrado porque las editoriales no aprecian tu trabajo? No te preocupes, en mi portal podrás publicar con sólo un click, y en esta hermosa anarquía tu trabajo será valorado. Ese era el sueño y en principio parecía bueno.
El problema es que muchas veces los sueños se convierten en pesadillas, y creo que en parte eso está pasando con Amazon, que se está convirtiendo en una pesadilla cada vez más incómoda. Creo que gran parte de la culpa la tenemos los escritores, nos pusieron el anzuelo y lo mordimos con tanta voracidad que ni siquiera nos preguntamos si ese jugoso bocado escondía un veneno que corrompería un sistema de por sí bastante corrompido. Yo soy un defensor de Amazon, me gusta y me parece una gran herramienta si se sabe utilizar a favor, y creo que ese será mi camino, utilizar Amazon según mi propio interés.
Pero entremos en materia y dejémonos de pensamientos delirantes que no llevan a ningún sitio. Los escritores tenemos un serio problema, y es que Amazon no vende, al menos no vende novelas. Creo, después de mucho mucho meditar, que lo que vende son lectores de novelas, pero claro, nadie compraría un lector de novelas sin novelas que leer, y aquí está la trampa, porque la novela o la sube el escritor o tienes un tío como escribano de la corte copiando sin parar todo el día. Debo decir que una de las cosas que me llamó la atención de Amazon, es que te aconseja que no protejas el libro, que el usuario ve mal el DRM, ya que sin éste será mejor para su préstamo. Mirando mis informes, veo que se han prestado dos novelas en un año, por lo cual concluyo que dos quejas no debería suponer ningún trauma para Amazon. En cambio, mi libro La Casa del Aire, ha sido pirateado en más de veinte páginas que yo sepa. Y la pregunta es: ¿está Amazon preocupado por el pirateo de mi novela? Por lo que se ve, no. Creo que ellos saben que la mayoría de sus clientes no van a pagar por libros, y menos hoy en día que está mal visto pagar por la música, el cine o los videojuegos. Por todo esto, ellos saben que el negocio está en el aparato. Hace poco leí un articulo en el que se decía, que sólo el 0,4% de los libros en España se compraban en digital, una media de menos de un libro al año por cliente, creo que esta estadística refuerza mi teoría. La gente piratea el libro con el beneplácito de Amazon, y cuanto más pirateo más Klindes se venden. Para que nos entendamos, es como si Amazon pone el restaurante y nosotros la comida, sólo que el único que gana es el portal, o como si alguien te vende un aparato para ver canal plus gratis. Entonces, ¿qué debe hacer el escritor? No lo sé, pero sacaré algunas conclusiones y las diré en el próximo post.
Un cordial saludo,
Nicolás.

domingo, 29 de diciembre de 2013

El Pequesauro

El invierno se hace largo en Mallorca. Además de intentar terminar de una vez por todas con mi última novela, reconozco que empieza a atragantarse, he decidido que voy a escribir algunos cuentos infantiles a mi hijo. Para todo lector que conozca mi obra, sabrá que es oscura y triste, a pesar de que se supone que son historias de amor. Me gusta la idea de que mi hijo, cuando crezca, sepa que su padre también escribía sobre él y que cuando pensaba en él, su literatura se volvía sencilla, hermosa y llena de luz.
Os dejo el primer relato:

El Pequesauro,
por Nicolás García Anaros.

El pequeño pequesauro se sentó justo al lado su padre. Acababa de llegar del cole y no tardó en sacar cientos de la lápices de colores y un inmenso cuaderno blanco. Él padre asombrado preguntó:
- ¿Qué haces?
- Voy a hacer los deberes.
- ¿Los deberes? Pero si acabas de llegar del cole.
- Entonces pequesauro clavó sus ojos en su padre y con cierta extrañeza, dijo:
- La profe me ha dicho que si hago los deberes llegaré a ser todo lo que tú esperas de mí.
Entonces su padre esbozó una sonrisa, cogió al pequesauro en brazos, y respondió:

- Cuando eras un bebé, quería que aprendieras a andar para que algún día siguieses tu propio camino. También te enseñé las palabras para que pudieras expresarte y así tuvieras la fuerza para luchar por lo que es tuyo. Si te compraba juguetes era para darte la destreza para construir tus sueños. Y cuando te regañaba, lo hacía para que no te perdieras en la oscuridad. ¿Quieres saber qué espero de ti?, la respuesta es fácil: Tu felicidad.